Probioticos: mejores aliados para nuestra flora intestinal

En la flora intestinal humana existen más de 400 especies de microorganismos, que tienen como principal función limitar el crecimiento de microorganismos patógenos en el intestino e interactuar con substratos no absorbidos de la dieta. Sin embargo, la flora intestinal es muy vulnerable a determinadas condiciones. En los adultos varía notablemente dependiendo de varios factores como: la alimentación, los genes, los tratamientos con antibióticos, el estrés, infecciones, edad, enfermedades hepáticas, renales o cáncer.


Mientras que el tracto intestinal contiene relativamente pocas bacterias, el número se incrementa enormemente en el colon, en donde residen alrededor de 10 (elevado a 11) bacterias por gramo en un total de 1 Kg. de contenido intestinal. El intestino delgado superior también contiene relativamente pocos microorganismos, hasta 10 (elevado a 5) ufc por ml . En el intestino delgado, los movimientos peristálticos empujan a las bacterias y previenen su proliferación en esta zona. En el intestino delgado inferior, se incrementa el número de bacterias, tanto gram+, como gram-, anaerobias estrictas o no. En el íleon distal, predominan los anaerobios gram-, y cruzando hacia el colon, el número y variedad de anaerobios estrictos se incrementa en gran número.


Probioticos Los probióticos son productos o preparaciones que contienen microorganismos vivos que, al ser agregados como suplemento en la dieta, aumentan el desarrollo de la flora microbiana en el intestino, y estimulan las funciones protectoras del sistema digestivo. Los principales probióticos son los lactobacilos, las bífidobacterias y las levaduras.


Es importante que estos microorganismos puedan ser capaces de atravesar la barrera gástrica para poder multiplicarse y colonizar el intestino. Los mecanismos de defensa de los probíoticos residen simultáneamente en un efecto sobre la flora, un efecto sobre la pared y la mucosa y un efecto sobre el sistema inmunitario, e incluyen la modificación de la flora para evitar la colonización patógena, la prevención del desequilibrio de la flora intestinal, la reducción de la incidencia y duración de diarreas, el mantenimiento de la integridad de las mucosas, la producción de vitaminas como la B2, B6 y biotina, la asimilación de oligoelementos y la actividad antitumoral.


La adherencia de los probióticos al epitelio intestinal por ejemplo modifica la respuesta inmune del organismo, e impide que otras bacterias, (E. Coli enteropatógena y enterotoxigénica, Salmonella, yersinia, etc.) se unan al epitelio. Los microorganismos patógenos se establecen cuando la integridad de la flora esta disminuida por estrés, enfermedad, cambios en la dieta, antibióticos, o alteraciones intestinales fisiológicas.


Quienes pueden consumir probióticos ?

La utilización de probíoticos se recomienda a cualquier persona que quiera favorecer el equilibrio de la flora intestinal. Especialmente indicado en personas que han tenido o tienen un tratamiento antibiótico, en ancianos, en el embarazo, en problemas intestinales, para mejorar la intolerancia a la latosa. Se utiliza también para disminuir los efectos de la diarrea y constipación y en enfermedades inflamatorias del intestino.


Dosis Los probióticos no colonizan de forma permanente al organismo, y por eso es imprescindible que sean ingeridos regularmente, a fin de mantener niveles elevados en el ecosistema digestivo. Los alimentos funcionales elaborados con probíoticos deben contener por lo menos 10 millones de células viables por cada 100 ml, dosis ideal para lograr los efectos deseados y aumentar las defensas naturales, sin embargo la dosis dependerá del microorganismo utilizado, de la forma de consumo y del efecto que se desee obtener.


Para que un probiótico sea efectivo debe ser inocuo, sobrevivir al tracto gastrointestinal. y tener la propiedad de adherencia al epitelio, para poder colonizar y así aumentar la acidez, lo que impide que se desarrollen bacterias. En la mayoría de los casos, los probíoticos son bacterias ácido lácticas, que constituyen un importante porcentaje de la flora autóctona del intestino humano. El Lactobacillus casei actúa a nivel del intestino delgado y el Bifidobacterium a nivel del colon.


Efectos de los probióticos en diversas patologías


Efectos anticancerígenos

Los probíoticos parecen tener actividad anticancerígena mediante la producción de determinadas sustancias durante su crecimiento, que actuarían disminuyendo las sustancias procarcinogenéticas por acción directa sobre las mismas. Un ejemplo conocido es el paso de los nitritos en alimentos a nitrosaminas, sustancias carcinogenéticas. Las lactobacterias son capaces de actuar tanto química como enzimáticamente sobre los nitritos, y las bifidobacterias son capaces de desdoblar a las nitrosaminas. Por consiguiente, estos microorganismos probíoticos disminuyen las sustancias carcinogenéticas.


Los probíoticos no poseen únicamente una acción anticancerígena, sino que además, muestran una acción antagonista sobre la proliferación de células tumorales quizás debido a una estimulación del sistema inmune tanto a nivel local (intestino), como a nivel sistémico o general. En este sentido, experimentos con animales alimentados con yogur han dado como resultado un aumento del porcentaje y actividad antibacteriana de los linfocitos B.


Riesgo de cáncer de colon

Se ha atribuido a los probióticos la posibilidad de modificar la susceptibilidad al cáncer del tubo digestivo. La administración de probióticos ha sido asociada con la disminución de la actividad de las enzimas fecales, a los que se ha atribuido un papel en la génesis de tumores malignos


Intolerancia a la lactosa

Alrededor del 70% de la población mundial, presenta intolerancia a la lactosa, relacionada con la disminución de la actividad de la lactasa en la mucosa intestinal, genéticamente determinada por nuestra condición de mamíferos. La lactosa no digerida es fermentada por la flora intestinal, con producción de agua, ácidos grasos y gas, que ocasionan síntomas como dolor abdominal, flatulencia y diarrea. Los probíoticos contribuyen a mejorar la digestión de la lactosa y reducen la sintomatología por la mala absorción, gracias a que los lactobacillus poseen una actividad enzimática (lactasa) que sigue funcionando en el intestino y permite la digestión del azúcar, lo cual permite que personas con intolerancia a la lactosa, puedan consumir leche, y eviten los eventuales síntomas como la diarrea, dolor abdominal, flatulencia, etc.


Reducción de los niveles de colesterol

Algunos probíoticos pueden contribuir a la disminución del colesterol sanguíneo de tres maneras distintas:

  • Utilizando el colesterol en el intestino y reduciendo así su absorción

  • Aumentando la excreción de sales biliares

  • Produciendo ácidos grasos volátiles en el colon que pueden ser absorbidos e interferir con el metabolismo de los lípidos en el hígado.Efectos protectores


Ciertos probíoticos pueden estimular la inmunidad del individuo tanto a nivel intestinal como a nivel general, lo cual se traduce por una mayor producción de anticuerpos y una mejor defensa. Varios estudios sugieren que el consumo de probíoticos podría ayudar a regular las alteraciones del sistema inmune que se observan en casos de alergia y por lo tanto, a reducir los síntomas asociados con esta patología.


Efectos de los Probióticos en patologías gastrointestinales


Riesgo de diarreas

El interés de los probióticos se ha demostrado tanto en lo que respecta a la prevención de la diarrea del viajero como en lo que se refiere a la diarrea provocada por el consumo de antibióticos. Los efectos sobre los factores de riesgo de la diarrea y el cáncer de colon reposan en la neutralización de la agresión y en la mejora de la capacidad de reparación. Asimismo los probióticos han sido utilizados con éxito en el tratamiento y la prevención de recaídas de algunas infecciones vaginales y del tracto genital femenino bajo, el efecto benéfico se debe a la migración de las bacterias probioticas desde la región del ano recto hacia la vulva y la vagína durante el aseo local.


Enfermedad inflamatoria intestinal

La predisposición genética, las ateraciones inmunológicas y las bacterias patógenas interactúan como agentes desencadenantes y perpetuadores de la enfermedad inflamatoria intestinal. La administración de probíoticos empleada como una terapia de antagonismo bacteriano, es capaz de desplazar a las bacterias con potencial patógeno, con el subsiguiente aumento de bifidobacterias, modificando favorablemente la respuesta inflamatoria, mejorando el epitelio intestinal y disminuyendo sus síntomas.


Infección por Helicobacter Pylori

Patógeno gram-, responsable de la gastritis, ulcera péptica y cáncer gástrico. Estudios in vitro y en humanos han demostrado que los probíoticos poseen un efecto antagónico contra H. Pylori, inhibiendo su colonización gástrica e impidiendo el desarrollo de la patología relacionada, inhiben la actividad de la enzima ureasa, necesaria para que el patógeno permanezca en el ambiente ácido estomacal.


Simbióticos La combinación de prebióticos con probióticos se ha definido como simbiótica. Se ha descrito un efecto sinérgico entre ambos, es decir, los prebióticos pueden estimular el crecimiento de cepas específicas y por tanto contribuir a la instalación de una microflora bacteriana específica con efectos beneficiosos para la salud.


RESUMEN


¿En qué circunstancias están especialmente indicados los alimentos que aporten microorganismos vivos (probióticos) y prebióticos?


  • Para equilibrar la microflora intestinal.

  • Disminución de la frecuencia y duración de la diarrea asociada al uso de antibióticos, infección por rotavirus, quimioterapia.

  • Alivio del síndrome de colon irritable.

  • Estados de estrés que debilitan el sistema ¡nmunitario.

  • Estados carenciales o de hiponutrición.

  • Problemas digestivos: flatulencia, acidez de estómago, úlceras de estómago, alteraciones intestinales (estreñimiento, diarrea), aerofagia.

  • Infecciones microbianas: aftas bucales, cistitis, vaginitis, candidiasis.

  • Problemas de alergias e intolerancias alimentarias.

  • Intoxicaciones.

  • Halitosis.

  • Convalecencias: después de enfermedades infecciosas, tratamiento con antibióticos.

  • Fatiga muscular o nerviosa.

  • Apatía.

  • Hemorroides.

  • Piel áspera o seca. Enfermedades cutáneas, acné.

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